Por: Luis Alcócer

Al ser las 15 para las 8, en una cuartería de San José se le ve venir contorneando sus caderas, con sus uñas perfectamente pintadas y con un un moño sosteniendo su cabellera colocha color oscura, y una blusa blanca donde se le puede apreciar sus pechos al no usar ropa interior todavía. Nos invita a pasar a su humilde cuarto donde atesora miles de historias y lugar de refugio de este sucio ambiente.

El cuarto tiene las paredes pintadas de color celeste, tiene un refrigerador pequeño desconectado y la cama sobre bloques de cemento. Me dice que me siente y que le de un momento que se tiene que alistar porque ya está tarde, que se irá a bañar rápidamente.

Sale del cuarto y se pierde en el umbral de puertas de otras habitaciones donde me comentó anteriormente que viven muchos nicaragüenses. Mientras tanto me dispongo a sacar la grabadora, cámara y cuaderno para anotar. Dirijo la mirada a un mueble donde tiene su ropa, la mayoría es de mujer y debajo del mueble una fila de zapatos de tacón, que son gigantes.

Unos 15 minutos después vuelve con el paño en sus manos y una blusa de tirantes, que muestra que ya lleva tiempillo de tenerla y un “leggings” algo tallado donde deja conocer un poco sus extremidades.

Amablemente me dice que se va alistar para salir bella en las fotos que le solicité días atrás con la persona que hizo el contacto para hacerle la entrevista, y mientras que le vaya preguntando para ir avanzando ya que pronto tiene que volver a la calle donde su vida corre peligro me comenta.

A sus 25 años probablemente ha puesto su vida en peligro, mucho más de las personas que están leyendo esto, y seguramente ni por la cabeza les pasa como ha hecho hasta hoy para seguir contando la historia.

Es más me atrevo a decir que probablemente una gran cantidad de los que lo hagan ni siquiera les importe estás hazañas. Porque juzgamos, y me incluyo, ya que en algún momento hemos tirado la primer pedrada, sin reflexionar que muchos no escogen este tipo de vida, sólo les ha toca vivirla.

Así es, este joven nicaragüense rebelde como él se hace llamar, lleva un kilometraje alto como dicen popularmente, quien le ha tocado emigrar y buscar el dinero fácil y rápido para poder sobrevivir. Todo, con la premisa de demostrarse así mismo de que podía salir del closet lejos de su familia; misma decisión que lo impulsó a tomar decisiones del cual ya se siente cansado según afirma él.

Le llamaré con un nombre ficticio que ha sido de su gusto que usemos: Chantal. Además, empezaré a referirme a Chantal con el género femenino, forma en la que le gusta se le refiera, ya que se siente respetada.

Comienza diciendo textualmente estás palabras: “En este cuarto he pasado muy mal estos días, con unas depresiones, que usted no se imagina”, muy evidentes de las expresiones que su cara pueden emitir, pero sin nunca perder el sentido del humor diciendo unas que otras bromas sobre su ex-pareja que lo hace llamar el carnicero.

Complementaria 1
Fotografía: Luis Alcócer

Se dispone a maquillarse apresuradamente y en medio del ajetreo me cuenta que estuvo en un colegio cristiano porque sus papás eran los pastores de ese colegio, y la obligaban a estar ahí y tener muy buenas notas, además  le exigían a ser miembro activo de la iglesia.

A la edad de los 18 años decidió emprender viaje hacía Costa Rica en busca del “sueño tico”, ilusionada por una amistad dejó todo botado, hasta el año que llevaba estudiando Banca y Finanzas. Harta de su vida en Nicaragua decidió obtener mejores posibilidades de salir adelante por medio de la prostitución y vistiéndose de mujer.

“Lo dejé porque siempre fui rebelde. Siempre tuve una vida normal, como la de un niño normal. Pero siempre me gustó llevarle la contraría a ellos, nunca me gustó que ellos me dominaran ¿Me entendés?” dijo Chantal, que además agregó que decidió irse por salir adelante y más que todo para demostrarse así misma que ella podía salir del closet largo de su familia”.

Como todas las primeras veces la suya no fue la excepción, porque cuenta que fue terrible el miedo, primero porque no conocía Costa Rica, segundo porque le daba miedo irse con un desconocido y tercero llegar a un hotel y que le pudieran hacer daño. Pero al tiempo ya se fue acostumbrando a este tipo de vida.

Sus padres saben que es trans como ella le dice, pero no saben lo que hace, piensan que la manera de ganarse la vida es en un bar. Ya que de igual lo que hace es trabajar de noche, acostarse de madrugada, y atender sus clientes, pero omite los detalles.

“Me dirijo a la clínica bíblica. Espero que alguien me levante. Por lo normal los clientes llegan se acercan, pregunta el precio. Si les sale cómodo, pues me llevan, algunos no, otros hacen citas, me piden el numero telefónico y me llaman otro día” comenta Chantal.

Por lo general sus clientes son personas adultas, casados, personas divorciadas, y personas que están en conflicto con su pareja. Ella piensa que los buscan porque es una forma de estar en paz sexualmente, porque ellos solamente se refugian en ellas en el sexo.

Afirma que una que otra vez le ha tocado clientes que son “personas reconocidas” nacionalmente, los cuales me comenta que algunos son futbolistas o que salen en la televisión, pero omitamos los detalles. Afirma que muchos de ellos le han contado cosas personales y piensa que lo que buscan en la calle lo que no tienen en la casa…

¿Chantal contáme a que peligros están expuestas?
“Duro mira, la calle es una rivalidad. Es una mafia, no creas que por estar ahí parada, es cuestión de que llegué y ya. La calle es como un territorio de drogas. Tiene dueños, yo no puedo estar parada en una esquina que yo quiera. Yo tuve que ganarme ese lugar, el respeto de muchos que hacen los mismo que yo. O sea el riesgo también corre con el tipo de maniáticos que me pueda ir. A veces me ha tocado que me voy con un cliente de que por ya haber hecho el servicio no me quiere pagar y comenzamos en conflictos y esto y lo otro”, dijó.

Fotografía: Luis Alcócer

Cuando los clientes se quieren pasar de listos, que es muy normal en este negocio, ella primero trata de hablar con ellos, dice que se los llevo terapiados, hablados… “que que barbaridad, que esto lo otro”… y que ya algunos entran en razón. Pero que también otros le dicen no anda dinero ya por hecho el servicio y le toca ponerse agresiva, y que al final le terminan pagando aunque sea con un teléfono o algo así…

Ya con todo el maquillaje perfecto, y con el rímel listo acota cuando un venezolano bien drogado, que por cierto le pagó muy bien, quería maltratarle ya en el hotel. Él quería golpearla pero ella no lo permitió. Cuenta que la mayoría de personas que los contratan son con problemas con drogas, o sea personas de que no quieren estar solos cuando se están drogando, entonces van y llevan una trans, pagan sus servicios y se drogan.

“Algunos… bueno en este caso no juzgo a nadie, no digo nombres, pero algunas son drogadictas, entonces se apuntan al show, otras personas así como yo, con problemas de adicción anteriormente, que gracias a Dios ya salí de eso. Lo que hacen es acompañar a la persona y tratar de dialogar con ellas y tratar de no matarles el viaje porque si no te despiden. Y aprovechar que la persona está drogada para sacarle dinero nada más”, agrego efusivamente Chantal.

¿Entre los trans como es el ambiente? ¿Cómo se tratan?

“Pleitos. Hay algunos igual. Pero hay pleitos, al menos con las ticas tenemos muchos problemas porque somos extranjeras. Hay algunas que si nos quieren, otras que no. Igual a como te digo, hay personas buenas, habemos personas malas. La verdad yo no me catalogo una persona mala, pero igual tengo problemas como todas las personas. Como te digo, este es un territorio, cada quien tiene que marcarlo y la que sobrevive en la calle es la más jachuda”.

De pronto se queda en silencio y se pone pensativa, con cierta nostalgia y dice: “mi país Nicaragua hay mucha discriminación ante los homosexuales, ante las trans y las lesbianas, porque son muy homofóbicos y machistas y discriminan mucho. Pero vieras que en Costa Rica no. Bueno al menos yo que soy una trans muy femenina, más bien recibo muchos elogios. No soy así como muy discriminada, ni muy cotizada tampoco. No, no la verdad sí (risas). Pero la verdad aquí en Costa Rica hay mucho respeto hacía la sociedad gay”.

Muchas veces le ha pasado que un hombre le quiera pegar y tratar de abusar de ella, pero como en estos ambientes la ley del más fuerte es el que sobrevive, comenta que le ha tocado ponerse “Braca”, y como dicen popularmente sacar leva y tratar de no dejarse.

“Yo pienso de que cada oportunidad que se me presentan como esas, son una experiencia. Porque ya sé con que tipo de persona estoy tratando o lo que se me acerca, o en que tengo que ser cuidadosa la próxima vez”, comenta amablemente, además agrega: “por ejemplo con la persona que me voy y se droga, ya sé que si está muy pegada cobrarle anticipadamente. Tratar de llevarla bien, porque una persona drogada te puede hasta MATARRRR… ¿Me entiendes?”.

Como todo ser humano que han herido ha pasado por depresiones y a veces desea no salir nunca más, no tener que vivir esta realidad, porque si no sale no come, así de fácil. Cuenta que uno de los mayores de sus miedos es cuando no se ha dejado y se ha defendido porque le da miedo que vuelvan y la lastimen pensando optimistamente, pero cuando ha pasado este tipo de cosas lo que haces es que no sale por 5 ó 6 días, ya luego retoma su trabajo normalmente.

¿Si pudieras hacer que tu vida fuera diferente como sería?

“Un trabajo fijo. Primordialmente una cédula aquí en Costa Rica, ya que todo sería diferente. Mi vida sería diferente. Un día de trabajo normal, llegar a mi casa, acostarme. Tener una vida común. La vida que llevo la verdad es que ya estoy cansada, pero es lo que me queda. Tal vez no soy indocumentada, porque no soy indocumentada, pero no tengo el permiso de trabajo. Ahora últimadamente a la trans nicaragüense nos está costando mucho conseguir un permiso de trabajo”.

¿Te gusta esta vida?
Odio esta vida. Pero es dinero fácil y rápido. ¿Me entiendes?


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