Por: Luis Alcócer

Tal vez algunos recuerdan la canción de Roberto Carlos, esa en la que el brasileño decía “Yo quiero tener un millón de amigos…“ y eso otro de “Pero no quiero cantar solito, yo quiero un coro de pajaritos…“. Bueno, años más tarde, pero no demasiados, a Roberto Carlos a y a millones de amigos a lo largo y ancho de Facebook, Twitter, Instagram y Snapchat, se les ha cumplido el deseo. Pío, pío, Twit-Twit. Cada vez hay más gente suelta, millones de enredados a lo largo y ancho de la telaraña de ese otro mundo virtual, convencidos de que tienen cada vez más amigos. Aunque a esos amigos les mientan sin cesar y no vayan a conocerlos nunca por su nombre y aspecto verdadero.

En general, siempre se ha identificado los artículos de psicólogos que nos previene sobre los terribles peligros de las Redes Sociales para nuestra juventud, con aquellos artículos sobre las terribles muertes que el tren provocaría al meternos a él, que él no se va a detener para que nosotros pasemos. Así mismo, ni el tren se detuvo, ni se detendrán las redes sociales. Como todo lo nuevo, las redes sociales conllevan cambios; cambios en nuestra forma de relacionarnos, de vivir y de compartir. Alteraciones que algunos pueden identificar con relaciones de menores, desvalorizadas o incluso capaces de destruir la verdadera amistad.

La introducción de algo nuevo conlleva sistemáticamente alteraciones en el equilibrio de las relaciones entre las personas. Es así de sencillo, estudiar cómo nuestro cerebro se ve en constante cambio por ciclos en los que se va viviendo, se refleja en cómo alteramos nuestro comportamiento contando un chiste en Facebook o Twitter en lugar, de hacerlo frente a frente.

Pero protestar sistemáticamente contra ese nuevo panorama o prevenir de los oscuros males que acarreará a nuestra juventud es tan eficaz como intentar detener un tren con una caja de palillos: no, el tren no va a detenerse. Quienes intentan evitar los peligros de las redes sociales para la juventud manteniendo a sus hijos alejados de ellas, estarán cometiendo un error porque sus hijos crecerán privados del conocimiento y del saber hacer en una dimensión que sin duda va a ser, en el futuro, importante para ellos.

Quienes eviten Facebook por el temor que se arruine sus relaciones, dejarán de desarrollares en un entorno en el que sin duda tendrán cabida muchas de las interacciones de sus vida, y de las personas que le rodean. Quien renuncia a lo nuevo por el temor que le inspiran los cambios en lo antiguo suele cometer un error, porque generalmente este tipo de cosas no se detienen, ni esperan por nadie, y de repente un día te das cuenta de que la sociedad se ha ido adaptando a lo nuevo, y que ahora el raro eres tú.

Te pregunto: ¿Son malas las redes sociales? ¿Producen adicción, destruyen nuestras amistades o nos convierten en seres apagados y pálidos que no reciben luz que la que le irradia la pantalla?

Descubrir a estas alturas que los excesos son malos tiene poco de inspirador, y que mucho de cualquier cosa puede matarte, sí. Pero ante un cambio, lo mejor es intentar entenderlo, observar cómo nos afecta e intentar entender porqué es así, y cómo va apareciendo y tomando forma los hábitos y costumbres relacionados con su existencia.

¿Qué queda hoy?, con porcentajes de penetración superiores al 100%, de todos aquellos que decían que el celular era malísimo y que se negaban constantemente a tener uno, y pretender que todo lo relacionado con una innovación es bueno, es tan absurdo como pretender que es malo. La innovación es, y cuando es adoptada se convierte en parte del panorama, en algo que debemos aceptar e intentar entender.

Hay en cantidades en gustos, sabores y colores.
Hay en cantidades en gustos, sabores y colores.

Lo que sí resulta interesante de los artículos de los psicólogos es ver claramente reflejados muchos comportamientos de mi día a día, entender lo que pasa en mi cerebro cuando veo los comentarios, los retweets, esa retroalimentación que antes tardaba horas o directamente ni se producía… y sí, es un vicio. Pero… ¿podríamos vivir sin ellas? No lo sé, ni me importa. Es parte de mi mundo, y estoy completamente dispuesto a vivir con todo lo que hay y lo que está por venir.

Pero, tú ¿estás dispuesto a actualizarte y mantener
el vicio o quedar rezagado en el pasado, pero libre de drogas?


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